
El golf de links convierte este torneo en el menos previsible de los grandes. La mitad del cuadro juega la primera vuelta con unas condiciones y la otra mitad con otras, y un giro de viento o un chaparrón dentro del sorteo puede valer varios golpes. El terreno firme hace correr la bola, así que controlar la trayectoria y patear desde fuera del green importan más que la distancia. Los búnkeres de olla castigan errores pequeños y abren el abanico de resultados. Además la sede va rotando, así que la forma se traslada solo en parte.
The Open es el más antiguo de los grandes masculinos y el único que se juega fuera de Estados Unidos, a 72 hoyos por golpes y con corte tras dos vueltas. El cuadro combina jugadores exentos con quienes superan la fase clasificatoria.
La semana tiene un ritmo que conviene entender. Las largas horas de luz permiten separar mucho las salidas, así que los primeros grupos pueden estar acabando cuando los últimos apenas empiezan, y una clasificación parece resuelta bastante antes de serlo. Muchos recorridos de links van de ida por la costa y de vuelta, de modo que una sola dirección de viento deja media vuelta a favor y la otra mitad como un ejercicio de resistencia. Si hay empate arriba, el título se decide en una serie corta de hoyos adicionales y no en uno solo.
