
El formato de liguilla es lo que distingue a este torneo del resto del año. Ocho clasificadas se reparten en dos grupos, todas juegan tres partidos y una derrota no elimina, lo que cambia por completo la lectura de un partido intrascendente o de uno a vida o muerte. Los sets y los juegos ganados pueden decidir quién pasa, así que el marcador importa más allá del resultado. Solo la fase final es eliminatoria y el calendario comprimido premia a quien se recupera rápido.
Las WTA Finals cierran la temporada femenina y reúnen a las mejores jugadoras de individuales y a las mejores parejas de dobles según los puntos acumulados durante el año. Primero los grupos, después semifinales y final, sin previas ni rondas de calentamiento para nadie.
Las condiciones eliminan aquí las variables que marcan el resto de la temporada. Todo se juega bajo techo en un mismo recinto, así que no hay clima, ni viajes, ni cambio de superficie entre partidos, y la velocidad elegida para la pista puede favorecer estilos que sufrieron al aire libre. Las clasificadas se han cruzado muchas veces durante el curso, de modo que pesan más los ajustes tácticos que las sorpresas, y siempre hay una reserva preparada por si alguien se retira. Para quien llega nuevo, la posición de resto explica casi todos los desenlaces.
