
Aquí manda el trazado urbano. Combina una de las rectas a fondo más largas de todo el campeonato con un tramo estrecho entre muros donde adelantar resulta casi imposible, así que los equipos discuten siempre lo mismo: descargar el alerón para la recta o cargarlo y quedar vendido en la llegada a meta. Los muros generan restos en pista, los restos generan coches de seguridad y la estrategia termina reescribiéndose sobre la marcha.
Es una prueba del campeonato del mundo de Fórmula 1, con entrenamientos, clasificación y carrera repartidos a lo largo del fin de semana, y puntos tanto para el mundial de pilotos como para el de constructores. Llega en la recta final del curso, cuando las cuentas del título condicionan cada resultado.
El fin de semana se construye premiando la paciencia. Se rueda poco en los entrenamientos, porque cada roce con el muro cuesta minutos de sesión, y el agarre sube mucho a medida que se engoma el asfalto, así que el trazado que los pilotos aprenden al principio no es el que encuentran en la clasificación. Un rebufo en la recta larga puede valer más que una vuelta limpia, y gestionar el tráfico se convierte en un ejercicio en sí mismo. El desgaste suele ser bajo: una parada y decidir cuándo.
